lunes 13 de diciembre de 2010

Nota al Puntal por Luis ZEGARRA. Parte 2

- ¿Esa búsqueda es tan diferente de la que realizan aquellos que plantean su obra desde el sector opuesto, desde incomodar a quien asiste?
- Eso sigue siendo dual. Yo veo esos lugares en los que uno se siente cómodo, en los cuales convivís. Uno puede vivir con su familia y no sentirse cómodo, pero sentirse cómodo sentado en un kiosco o en la calle. El espacio en que te sentís cómodo es aquel en que sentís libertades. Lo dual es que yo presento espacios que son de la casa, lugares que tenés que transitar todos los días, y que dejás de advertir. Con las personas nos sucede lo mismo. Dado que en estos tiempos las relaciones sociales están alborotadas, a las personas que tenés al lado las dejás de sentir. Se convierten en un espacio olvidado. Mi intención es mostrar ese rincón, la gestión de pensamiento que muestra ese espacio olvidado. Si uno tiene un pensamiento diverso puede descubrir otras cosas de uno mismo y de su alrededor.


- ¿Eso es lo que intentaba demostrar con la muestra “Encuentro, reencuentro y desencuentro”?

- La obra hablaba de los espacios, de cómo uno se encuentra o se desencuentra, de las cosas que uno quiere encontrar o esquivar. Me encuentro exponiendo en Buenos Aires, me desencuentro exponiendo en Córdoba, me reencuentro dando clases. Eso se da en la obra, pero también lo llevo a nivel personal. El artista por ahí tiene la capacidad de “no ver” ciertas realidades, se abstrae de las cosas. Pero en realidad una de las tareas que tienen los artistas es entrar en esa grieta que dejan de la burbuja en que vivimos, para movilizar la gente, para movilizar los espacios perdidos, para reencontrarse.

En el pago


La primera muestra individual de Gambero se dio en Buenos Aires, ciudad en la que repitió. Luego fue el turno de San Miguel de Tucumán y Resistencia. Recién entonces su nombre comenzó a circular por las difusiones destinadas a un público masivo. Previamente había participado, con diversa suerte, en distintas exhibiciones en la ciudad de Córdoba.
La elección de aquellas ciudades nada tuvo de casual. “Me fue más fácil hacerlo allá. Como que me resguardé en Buenos Aires, Chaco, Tucumán y recién ahora empiezo en Córdoba. Ahora me siento más seguro para hacerlo acá. Quizás acá me iba a sentir muy criticado”, dice.

- ¿Por qué?
- Porque hago lo que me gusta. Generalmente en la sociedad cordobesa tiende a prosperar el arte clásico: el bodegón, la imagen que ilustra algo, un paisaje, mientras que lo mío es más abstracto, por ende la imagen puede dar diferentes tipos de percepciones.

- Por lo que transmiten sus palabras, Córdoba dista bastante de ser un circuito cultural importante, pese a las posibilidades con que cuenta.
- Córdoba no ha constituido un circuito cultural sólido. Creo que lo intenta, pero hay muchas trabas para gente que termina haciendo cosas afuera. Hay cordobeses que viven en Buenos Aires o en otras partes del mundo y les va muy bien, y por ahí los escuchan cuando vuelven, si es que vuelven. O se les escucha porque se consagraron allá. Le falta un paso a Córdoba para entrar en ese desarrollo donde puedas ver un recital de lo que se te antoje, donde encuentres artistas diversos, grupos de arte, de literatura, música, etc.

- De hecho, usted ha dicho que en la mayoría de las exposiciones que realizó usted tuvo que ser su propio gestor.
- Sí, en general siempre fui mi gestor. La gestión propia permite conocer a la gente con la que tratás, lo cual también es importante. Pero por ahí no está bueno, porque tenés que dedicar una parte a tu trabajo y no podés dar el 100% a la creación. Si estuviese dedicado exclusivamente a pintar, mi obra sería mejor o el desarrollo del pensamiento sobre la obra sería mucho más finito. Ahora, de la manera en que lo hago es un golpe de pensamiento constante. Muchas veces se te ocurre algo y lo tenés que hacer en ese momento, no podés pensar que tenés que ir a trabajar y además ir a hablar con tal a ver si le interesa lo que estoy haciendo.

- ¿Acude a buscar apoyo de entidades oficiales?
- No, rara vez. No me interesa la burocracia y el protocolo que tienen. Me gustaría que fuese más simple. Que los canales de ayuda a los artistas sean más directos. Cuando presentás un proyecto, tardan meses en decirle a otro que lo haga, luego seis meses más para decir que ese otro se olvidó. Y como no podés estar esperando tanto tiempo, lo terminás haciendo vos.